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Quinta Paredes

 

 

Hace cerca de 50 años, en lugar de los edificios, casas, hoteles, tiendas y restaurantes que hoy vemos en el barrio Quinta Paredes, los primeros vecinos que llegaron a construir sus casas encontraron amplias zonas verdes, potreros, árboles, pájaros, vacas y gallinas que corrían al lado de la carrilera del tren, en medio de un ambiente tan tranquilo que se sentían como si estuvieran viviendo en el campo y no en la ciudad.

 

 

Cuenta la historia que Quinta Paredes, derivó su nombre de uno de los dueños de las grandes fincas de la zona, que se llamaba Demetrio Paredes; así como la localidad de Teusaquillo, de la que el barrio hace parte, heredó su nombre de Teusacá, el lugar que en la época precolombina era la residencia de veraneo del Zipa, cacique de los muiscas de Bacatá.

 

 

Uno de los primeros vecinos de Quinta Paredes, fue Carlos de La Rosa, quien en aquel entonces trabajaba en el Aeropuerto y llegó atraído por la ubicación estratégica de la zona, en donde compró un lote y construyó la casa en la que vive con su familia desde 1962.

 

 

“Cuando nosotros llegamos, pusimos la primera piedra en un inmenso potrero desocupado, que ahora hace parte de la manzana en donde viven Antanas Mockus y su familia. En aquella época ya existía la Feria, pero aún no había grandes vías, pues en lo que hoy es la Avenida La Esperanza, solo había una casa atravesada en la mitad”, señala Carlos.    

 

 

Clementina Holguín de Rodríguez llegó al barrio hace casi 40 años y recuerda que sus hijos crecieron en un ambiente muy rural, jugando en las grandes zonas verdes con los perros, persiguiendo ranas en las zonas empantanadas y cuenta que la gente atajaba las gallinas para evitar que el tren las atropellara.

 

“Era una vida muy sana y tranquila, en las mañanas nos traían leche recién ordeñada de las vacas para el desayuno y escuchábamos el paso del ferrocarril”, recuerda Clementina.

 

Amira Amaya Torrado, arquitecta urbanista, explica que el desarrollo urbanístico de Quinta Paredes se generó a través de lo que llamaban el modelo de vivienda por encargo que consistía en que el Estado instalaba la infraestructura básica en los lotes y luego le vendía a particulares que construían las viviendas.

 

Ella llegó al barrio con su familia en 1968 y recuerda que una de las actividades que más unió a los vecinos fue la construcción de la iglesia de La Epifania que fue liderada por el hoy en día Monseñor Fabio Suescún. El terreno estaba al lado de la casa de la familia de Amira y como ella estaba estudiando sus primeros semestres de arquitectura, se involucró de lleno en la construcción.

 

“Para recolectar el dinero hacíamos bazares, en donde los vecinos vendíamos empanadas, buñuelos y natillas, y poco a poco tuvimos los recursos para levantar la iglesia”, recuerda Luz Estrada de Franco.

 

Uno de los recuerdos tristes del barrio fue el asesinato del humorista, periodista y abogado Jaime Garzón en 1999, cuando se desplazaba hacia los estudios de la emisora de radio Radionet, ubicada al lado de la carrilera del tren. El atentado fue en la carrera 40, al lado del monumento que tiempo después hicieron en su honor.

 

“Ese día un dolor de espalda me salvó la vida, pues minutos antes yo había cruzado por el sitio del atentado, pero como me sentía mal decidí regresarme muy rápido a la casa y luego supe lo de la balacera. Ese asesinato fue muy triste para todo el país”, recuerda Amira. 

 

 

Del pasado rural de Quinta Paredes queda muy poco y aunque sus fundadores recuerdan con nostalgia el pasado, están felices de vivir en este barrio que conserva las gratas  memorias de la historia y los vínculos de cariño que unen a sus habitantes.Hoy en día, se sienten orgullosos de habitar uno de los lugares de Bogot con mejor ubicación estratégica y mayor proyección de desarrollo futuro.

 

Cielo León, Presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio Quinta Paredes, quien vive hace 25 años en el sector,  asegura que el barrio está atravesando por un proceso de transformación muy acelerado y le preocupa que el crecimiento comercial ha afectado y deteriorado las vías y la seguridad. No obstante, asegura, que las perspectivas de desarrollo son muy interesantes, se ha visto una valorización importante en el precio del suelo y van a surgir grandes oportunidades para todos.

 

 

 

 (Publicado febrero de 2012)