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Gran América


Gran América ha crecido en forma paralela a la ciudad consolidándose como un barrio con una localización estratégica y con un gran potencial de desarrollo. Los recuerdos e interesantes anécdotas de sus residentes nos permiten reconstruir la historia del barrio...

 

 

 

 

 

REVIVIENDO LA HISTORIA

 

El barrio Gran América está ubicado en medio de tres principales ejes viales de la ciudad, a poca distancia del aeropuerto internacional Eldorado, tiene una excelente conectividad y una gran proyección de desarrollo futuro. Sus valiosas características y su potencial, unidas a la forma geométrica en la que se articulan sus límites, han llevado a que algunos de sus vecinos se refieran al barrio como “punta de diamante”.

 

El barrio limita con la Avenida Eldorado, la Avenida Las Américas, la NQS-Carrera 30 y la carrera 33 y cuando surgió, hace más de 50 años, al igual que los demás barrios vecinos, se trataba de un área que estaba rodeada por grandes potreros.

 

“Algunos de los primeros residentes fueron descendientes de inmigrantes de la post-guerra que llegaron a Colombia procedente de países de Europa Oriental como Polonia, Rumania y Rusia. Muchas de estas familias lograron consolidar en el país empresas industriales muy prósperas y la ubicación estratégica de Gran América les daba la comodidad de tener su lugar de residencia, muy cerca de la Zona Industrial en donde instalaron sus fábricas”, señala la Presidenta de la Junta de Acción Comunal, Consuelo Guzmán, quien vive en el barrio desde hace 36 años.

 

El estilo arquitectónico de las viviendas del barrio buscaba satisfacer las necesidades y gustos particulares de las familias; las casas tenían antejardines, grandes patios interiores y semisótanos que funcionaban como salas de juego. Algunos recuerdan que el aviador Jaime Duque, creador del Parque temático en Tocancipá que lleva su nombre, construyó varias de las viviendas del barrio con elegantes escaleras internas, tipo caracol.

 

“Una familia del barrio construyó su casa en torno a una gran lámpara colgante tipo araña que había adquirido por un precio superior al de la propia vivienda. La lámpara era más grande que la del Teatro Colón y para poder ubicarla en el centro de la vivienda, el diseño arquitectónico se adaptó a la araña colgante”, recuerda María del Pilar Amaya, que llegó al barrio con sus padres en 1962 y actualmente es Vicepresidenta de la Junta de Acción Comunal.

 

Ella y su hermana Maureen recuerdan que en aquel entonces, no existía el puente sobre la Avenida Las Américas y en su lugar había grandes potreros en donde los jóvenes del barrio se iban con sus barras a jugar fútbol y frecuentemente los balones rompían los ventanales de las casas.

 

“En esa época la comunidad era muy unida. Los niños del barrio participábamos con entusiasmo en los concursos de disfraces de Halloween que organizaba el almacén Ley, que quedaba en el local al lado del CUAN, en donde ahora está la Olímpica. Nosotras nos vestíamos de bailarinas españolas, nos íbamos caminando y como el CUAN era una urbanización sin rejas, podíamos entrar libremente. También íbamos a cine en el Teatro Cádiz y a patinar en Hielorama”, recuerda Maureen Amaya.

 

Los residentes de Gran América tienen recuerdos curiosos y sentimentales ligados a un habitante de calle que vivía en el barrio. Lo recuerdan como un hombre culto, inteligente y bilingüe que dormía en el suelo y cuidaba a los residentes.

 

“Henry  hablaba español, francés e inglés, como se la pasaba leyendo libros y periódicos vivía enterado de todo y mezclaba la realidad con la fantasía. A veces me decía que iba a viajar a resolver los problemas del Cono Sur o a reunirse con algún Presidente latinoamericano. Cuando pedía limosna para tomarse un tinto, nos devolvía las vueltas. Aunque muchos vecinos le habían tomado cariño y le ofrecían sus garajes para dormir, él decía que el cielo y las estrellas eran su techo y que prefería acostarse al frente de la zapatería del barrio para evitar que algún ladrón entrara en la noche a asaltar el local”, recuerda Alvaro Molina, quien ha sido líder del barrio durante varios años.

 

Hace unos 6 años, Henry murió debido a que tuvo una enfermedad que no fue atendida a tiempo. Debido a la sensibilidad que generó su historia frente a la dura realidad de los habitantes de calle, tiempo después en el barrio se gestionó una iniciativa con la Alcaldía Local para ayudar en la rehabilitación y recuperación de habitantes de calle.

 

“Se desarrolló un programa para que un grupo de habitantes de calle superaran la adicción a las drogas, se reincorporaran a la sociedad y volvieran a tener trabajos dignos. Inicialmente tuvimos buenos resultados, pero tiempo después el programa cambió de rumbo, se presentaron inconvenientes y las personas del barrio nos desvinculamos”, cuenta Alvaro Molina.

  

En la actualidad, a los vecinos del barrio les preocupan algunas problemáticas como la inseguridad, la invasión del espacio público, la congestión y el ruido que se genera en las temporadas de mayor actividad de eventos en la zona.

 

 

La Junta de Acción Comunal y los líderes del sector quieren que las grandes ventajas competitivas que tiene el barrio les permitan avanzar hacia  la solución de los inconvenientes actuales y les permitan proyectar Gran América a futuro con un desarrollo sostenible, redensificado, con más áreas verdes y espacios públicos y una mejor calidad de vida para todos.

  (Publicado agosto de 2012)